En estos
momentos pareciera que los padres consideran que pueden y
deben decidir sobre el trabajo del docente en el aula y en
los exámenes de sus hijos. Se transforman en jueces y
recriminan a todos y contra todos.
Se han
dado casos de violencia, padres que insultan y hasta golpean
a docentes después de un examen de recuperación de
diciembre o en el del temprano febrero. Los docentes por su
lado realizan prolongadas e inútiles reuniones
institucionales para tratar entre tantos temas, el consejo
de convivencia y ver cómo pueden mejorar todo lo referido
al trabajo con el alumno
y se realiza hasta un seguimiento para mejorar y
retener al mismo en el sistema educativo que todos sabemos
que ha comenzado el siglo con una crisis muy difícil de
superar.
Los
padres no se acercan al colegio hasta que la situación se
agrava y no se puede hacer nada por su hijo, a pesar de que
durante el año fue convocado por docentes, preceptores y
notas a concurrir al establecimiento.
A fin de
año, cuando su hijo no tiene posibilidades y repite, el
padre sostiene que conoce muy bien a su hijo y que le tiene
confianza y que seguro le ha ido muy mal porque un docente
no lo acepta o porque hay drogas en el colegio, cosa que
sabe muy bien por lo que su hijo le ha comentado, pero
nunca, si es que lo supo, ayudó a las autoridades del
colegio sobre el tema.
Se llegan
a concretar juicios y después de mucho andar, el padre o
madre intenta disculparse para no pagar lo que corresponde y
no en todos los caso pues hay quienes aún apelan
sosteniendo que han pegado al docente por estar muy
nerviosos y que es comprensible ya que se juega un año de
estudio del hijo.
¿Cómo
actúan los integrantes de la comunidad educativa y cómo,
los padres frente a esta situación?:
| La institución educativa parece ajena a la problemática y sólo se limita a lamentar lo sucedido y espera que el docente damnificado lo solucione, y ¡De la mejor manera posible!. | |
| Nadie parece conocer el tema, no se hace público y eso es negativo porque nadie tiene posibilidad de ayudar a su compañero, quien tampoco dice nada hasta el momento en que las cosas están más o menos encaminadas en un juicio. | |
| Se pregunta al preceptor, quien se supone debe saberlo todo, pero llegado el momento nada dice porque lo compromete. Lo máximo es un comentario sobre el chico algo “introvertido”, o “algo desconectado del contexto”, pero nada claro al respecto. | |
| Los directivos no quieren problemas en su establecimiento y menos aún frente a la supervisión, entonces es el momento en el cual tratan de solapar todo dentro del establecimiento. | |
| Llegadas en una visita de rutina, las supervisoras son informadas y allí la expresión de rutina también ¡qué barbaridad¡. Y aseguran que eso debió pasar a la supervisión, pero no pasa de allí. | |
| Si el docente toma medidas, todo es interpretado que es en contra del alumno. | |
| Si el alumno insulta al docente, nada pasa, es como si fuera normal. ¡no hay amonestaciones! Entonces eso se debe llevar al consejo de disciplina. Allí comienza la discusión sobre si es conveniente dejar al alumno libre o pedir el pase, porque los padres no desean nada de eso. | |
| El alumno espera las decisiones de tantos pormenores sin importarle absolutamente nada de lo que se habla. | |
| Obvio parece ser que el alumno tiene la madurez necesaria como para decidir y dar todo un descargo para llegar a comprender que sus problemas “familiares” o de conducta lo han llevado a semejante situación y que es conveniente dejarlo con un acta de compromiso firmada por su puño y letra. Es decir el papel que el chico sabe que no tiene ningún valor ni se lo da él tampoco. | |
| Si se soluciona el problema dentro del colegio, el padre con una gran sonrisa se despide y todo termina, de lo contrario amenazando se dirige a la supervisión. |
El
docente argentino no está protegido contra ciertas
injusticias del sistema, no sólo las condiciones de trabajo
inadecuadas en las que se desempeña sino
también en su integridad física y moral.
Si se le
suma la inestabilidad de nombramientos, de tener la deseada
titularidad. El tener que ir de un colegio a otro, el tener
tantos cursos, ciertas veces hasta 22 cursos con 660 alumnos
por semana, para
conducir en el proceso educativo, de tener que ir a Sanidad
Escolar , donde todo es arbitrario para considerar las
afecciones que se padezcan, hablando de 55 a 60 años, donde
todos sabemos que las enfermedades crónicas son infalibles.
Olvide decir que el docente no tiene siquiera derecho a la
locura que le impone el sistema. Y me pregunto ¿será
considerado?
Si
escribo esto es por lo que veo en el sistema, no por
problemas personales en él, ya que con el alumnado no tengo
problemas, lo cual es otra exigencia muy grande porque hay
que dejar que el alumno se adecue y después ver.
¿Qué
hacen los docentes al respecto?
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JOSE
JULIO PAZ KOWALSKI, Profesor